viernes, 20 de mayo de 2011

TÚPAC AMARU: QUIEREN MATARLO ¡Y NO PODRÁN MATARLO!

Querrán olvidarlo ¡y no podrán olvidarlo!

"Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribón...Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor...CUANDO HAY MUCHOS HOMBRES SIN DECORO, HAY SIEMPRE OTROS QUE TIENEN EN SÍ EL DECORO DE MUCHOS HOMBRES. Éstos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados...Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas*. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz".


Tomado de la obra TRES HÉROES, de José Martí, cubano, nacido en 1853, muerto en 1895, pero vivo hasta hoy gracias a sus sublimes trabajos literarios.

* (NOTA MÍA: Las manchas solares que estudian los astrónomos)

Hombres con decoro de muchos. Son cada vez más escasos. Son especies en extinción. Por eso es que su valor es superior al del oro. ¡Y hay quienes quieren matarlos! No sólo quitándoles la vida, sino también la memoria. Y precisamente uno de ellos está siendo gradualmente eliminado de nuestra conciencia. Es un héroe censurado, alguien a quien sujetos que ni siquiera quieren conocer lo que es el decoro desearian ver totalmente olvidado. Me refiero a José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru, de quien ningún medio de masas, y mucho menos este gobierno sin decoro del APRA y Alan García Pérez, se acordó un poco siquiera de la fecha de su sacrificio, el 18 de mayo de 1781. Con las excepciones de siempre, las de los medios alternativos y las organizaciones populares, podría decirse que a Túpac Amaru quieren matarlo para siempre. ¡Pero no podrán matarlo! Esta vez quiero rendirle no sólo un homenaje, a 230 años de su desaparición física, perpetrada por el poder español de ése tiempo. Quiero también que ustedes conozcan quién fue este REVOLUCIONARIO peruano, para al final demostrar que no, no está muerto. Vive en cada uno de nosotros.
El 19 de marzo de 1738 nace, en Surimana,José Gabriel, hijo de don Miguel Condorcanqui y Del Camino Túpac Amaru, y de doña Rosa Noguera. Tuvo José Gabriel un hermano llamado Clemente. Tendría dos entenados, uno del segundo matrimonio de Miguel con doña Ventura Monjarras y otro probablemente ilegítimo. Contrajo matrimonio Túpac Amaru con la insigne Micaela Bastidas Puyucawa, con la que tuvo tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando. Llegó a estudiar en la Universidad de San Marcos, y, regresando al Cusco, es elegido cacique de Pampamarca, Tungasuca y Surimana por derecho hereditario (su padre era cacique también). Vio, como autoridad, las espantosas y execrables injusticias que cometían las autoridades españolas de ese tiempo, en especial los llamados corregidores. Estos individuos, que formaban parte de la institucionalidad virreinal, tenían la misión de "gobernar con justicia y resolver las cuestiones civiles o criminales suscitadas entre los pobladores", tal como dice el libro "La rebelión de Túpac Amaru" de Carlos Daniel Valcárcel, de donde extraje la mayoría de citas. Estos corregidores eran una mezcla de alcalde, economista, comisario, juez y verdugo. En teoría, parecían virreyes de provincia (estaban adscritos a las provincias del virreinato), pero en la práctica eran emperadores absolutos. Su poder real era increíble y, para colmo, eran elegidos en subasta pública (remate) para no dar gastos a la corona española. Por ello, los que "compraban" el cargo daban todo el dinero imaginable, logrando recuperar su "inversión" (estamos hablando del siglo XVIII) a través de los impuestos y los "repartos", siendo éstos últimos una especie de negocio personal de los corregidores, que vendían en exclusiva a los indígenas los productos que sólo podrían adquirirse a través del virreynato. Demás está decir que los tributos y productos que venían del corregidor no tenían un precio justo. Con impuestos excesivos, inhumanos, y con mercancías que costaban Ñ$/ 5 y eran vendidas en Ñ$/ 100, los corregidores reembolsaban su inversión y se enriquecían sin parar.
Mencionamos a Túpac Amaru cacique. El cacicazgo era otra institución que existía ya en el incanato, con el nombre de Curacas. Pero en el virreinato, los conquistadores hábilmente los usaron para que sirvan de intermediarios entre los indígenas y las autoridades virreinales. Para manejar a los aborígenes, pensaban los peninsulares, nada mejor que usar aborígenes también. Por ello los caciques, como capataces, reunían personal para las "mitas" (turnos de trabajo), para la explotación de las minas, para construir caminos, etc. Además eran los intermediarios en el caso del cobro de impuestos a los indígenas. Para ser cacique era necesario ser indígena, y este cargo era hereditario. Los mestizos y españoles no podían ser caciques, excepto los primeros, cuando recibían el cargo por "derecho de sangre". También había "cacicas", en las zonas donde las costumbres lo permitieran. La mujer cacique más famosa de todas fue Tomasa Tito Condemayta, del pueblo de Acos, lugarteniente de Túpac Amaru. Ella demostró una fidelidad y valor excepcionales en aquella época: defendió el puente de Pilpinto, al mando de un batallón de mujeres, logrando que las tropas españolas se retiraran del puente. Estos caciques detentaban entonces el poder político sobre los aborígenes. Llegaron a educarse en colegios especiales: los Colegios de Caciques, uno en Lima (Colegio de Príncipe) y otro en el Cusco (Colegio de San Francisco de Borja), desde el siglo dieciseis.
En rigor de verdad, hubieron corregidores y caciques honestos, pero la inmensa mayoría eran desalmados y corruptos. De los primeros no es necesario decir más. Es de los caciques que quiero, antes de seguir, remarcar que muchos de ellos se volvieron cómplices de las autoridades de la Colonia y extorsionaban a los indígenas, llegando a ser tan odiados como los corregidores. Éste  era el contexto social antes de la Rebelión. Tras ser en 1778 rechazado por la justicia virreinal en su lucha por lograr que los indígenas de Tinta se liberen de la mita en Potosí, Túpac Amaru regresa a Tinta. El 4 de noviembre de 1780 encabeza el levantamiento de ese pueblo, logrando apresar al Corregidor Domigo Arriaga. Tras un breve juicio, Arriaga, que ya tenía antecedentes de inusitado abuso y corrupción, es condenado y luego ejecutado (10 de noviembre). Esta acción constituye el más temerario y hermoso acto de justicia llevado hasta entonces, lo que coloca a José Gabriel Condorcanqui como precursor de la búsqueda de la justicia social en el Perú.
En esos momentos, la ejecución de Arriaga, aunque representaba un triunfo simbólico sobre el poder de los conquistadores, también dejaba al desnudo la falta de cohesión de las clases sociales de ese entonces. Hubieron españoles que apoyaron a Túpac Amaru, pero luego se decepcionaron al ver que los indígenas no admitían "revolucionarios blancos". Incluso dentro de los quechuas habían divisiones, si bien la gran mayoría apoyaba al cacique. Éste, a su vez, trató de atraer a mestizos y blancos a su causa, pero no tuvo mucho éxito. Con todo, Túpac logró popularidad, tal como dice Carlos Daniel Valcárcel:


"De inmediato corrió el rumor que Túpac Amaru pasaría a destruir todos los obrajes existentes y ajusticiar corregidores. Éste arengó a la masa. Recordó las pasadas grandezas y señaló la tristísima condición actual debido a los Repartos mercantiles, las mitas y numerosos impuestos, que declaró abolidos y aceptó la ayuda voluntaria de los que lo quisieran seguir, 'desabrochando' (mostrando, nota mía) la idea que hasta entonces había mantenido oculta. La ejecución de Arriaga confirió carácter público al movimiento de Túpac Amaru, 'indio de la sangre real de los Incas y principal tronco'. El fracaso de sus reclamaciones judiciales lo empujó a adoptar una actitud revolucionaria. Los violentos sucesos de Tinta fueron el signo de un movimiento que se extendió rápidamente por las 14 provincias del Cusco, llegando a los pueblos del Alto Perú (Bolivia, nota mía), ya conmovidos por los hermanos Catari".


Luego Túpac Amaru, fortalecido con esta primera victoria, marchó hacia el Cusco, con la intención de tomar esa plaza fuerte de la Colonia, y así tener una primera ventaja sobre el ejército español.
Es necesario dar una visión de las circunstancias reinantes en la "ciudad imperial", ya que hay un curioso parecido con la actualidad. Para ello, escuchemos a Valcárcel:


"Cusco tenía cerca de 26000 habitantes, en su mayor parte indios y mestizos, si bien su número había disminuido desde la famosa peste de 1720...La población se componía de cuatro castas: la nobleza, representada por unas pocas familias; la segunda 'incluye personas de honor, lucimiento, comodidades, enlaces de estimación y empleos de aprecio'; los mestizos componían la tercera, mayor que las precedentes; la última estaba constituida por los indios y otras mezclas...Existían muchos mendigos a pesar de la abundancia de trabajo, quizá como respuesta a la superlativa explotación de los dueños de obrajes e ingenios..."

"La inesperada noticia del levantamiento y ejecución del corregidor Arriaga...obligaron al corregidor del Cusco, Inclán Valdez, a tomar medidas inmediatas, previo aviso al virrey para evitar futuros cargos. De primera intención se impartieron órdenes para defender la ciudad, constituyéndose una Junta de Guerra formada por militares, juristas, funcionarios y ricos comerciantes...En la madrugada del día 13 se mandó un correo extraordinario al virrey Jáuregui. Análogas comunicaciones dirigirían el corregidor y el Ayuntamiento del Cusco nueve días después. Asimismo el obispo Moscoso y Peralta emitió auto para organizar tropas de eclesiásticos. Incorporó a los seminaristas mayores de 14 años y a estudiantes del Colegio de Caciques, reuniendo un contingente de más de 500 hombres. Además convocó al Cabildo eclesiástico y a otros miembros del clero. Durante la reunión el arcediano peninsular Simón Ximénez de Villalba, exaltado anticriollo, pidió que Túpac Amaru y sus principales partidarios fueran excomulgados. Pero el fiscal eclesiástico se opuso y adujo sólidas razones legales respecto a los indios. En cambio, el obispo remitió orden a los curas de Tinta y provincias cercanas para que permaneciesen en sus parroquias y diesen detallado aviso de los movimientos del caudillo so pena de excomunión. Como medida práctica e inmediata, propuso enviar sacerdotes que ensayasen hacer desistir de su intento al cacique alzado. El fiscal apoyó la iniciativa, siempre que los enviados portasen 'una promesa seria de perdón'. El obispo Moscoso y Peralta recalcó que enviaría al provincial mercedario fray Pedro de la Sota, con religiosos de otras órdenes, para reprocharle 'su temeridad, ponerle en razón, contenerlo en su exceso y reducirlo a la obediencia".

"Conocedor de estas decisiones, Túpac Amaru escribió a las autoridades eclesiásticas exponiendo que su movimiento iba precisamente contra el libertinaje imperante y en defensa de la tranquilidad pública. Paralelamente remitió un Edicto a los moradores del Cusco, sosteniendo que los inveterados abusos que sufrían no podían ser remediados con simples quejas ante los tribunales. La respuesta de las autoridades fue denunciar el maligno espíritu del caudillo, que traidor al rey mostraba una peligrosa astucia al solicitar ayuda a los propios eclasiásticos amenazados".


Como vemos, casi nada ha cambiado tras 230 años de la espantosa ejecución de Túpac. Hoy hay clases sociales separadas y enemigas unas de otras. Explotación y complicidad de autoridades de los diversos estamentos del poder. Temor de los poderosos cuando alguien parece "amenazar" sus "propiedades" y "tranquilidad". Calificación de "maligno espíritu" (o de "subversivo") a todo aquel que, cansado de la burocracia judicial (que dice defender al pueblo y al buen nombre de la justicia), toma el arriesgado pero a veces NECESARIO camino de la insurgencia.
Y, naturalmente, se produjo el choque entre las fuerzas coloniales y el ejército de Túpac Amaru. Ello fue el 18 de noviembre de 1780, en Sangarara, con el triunfo de José Gabriel Condorcanqui. Hasta este momento, los aires de dignidad, justicia y libertad soplaban a favor del insigne cacique de Tinta. En gran parte de sus victorias, la presencia de su esposa Micaela Bastidas resultó fundamental. Cierto fue que un llamado Consejo de los Cinco asesoraba al rebelde cusqueño, pero más cierto aún fue que su consorte le dio más y mejor orientación: consideró la ejecución de Arriaga conveniente y preventiva, porque éste ya tenía la intención de acabar con Túpac. Sugirió la marcha hacia el Cusco a fin de tomarlo, aprovechando el desorden social que existía luego de la victoria en Sangarara. Aunque Túpac Amaru no hizo caso (tomó otra ruta para hacerse primero de las provincias sureñas), al final se vio que Micaela tuvo razón. Entretanto ella quedó como jefe interino. Se vio que era "la mujer adecuada en el momento oportuno", pues logró llevar con eficacia, diligencia y lealtad las responsabilidades políticas, militares y organizativas que su esposo manejaba. Era una incansable propagandista, tenía tacto para prever las movidas de las fuerzas coloniales, mantenía una red de espionaje que tan eficaz fue en descubrir traiciones y celadas, como la posible llegada de refuerzos de Arequipa y Lampa hacia el Cusco, para acabar con el movimiento que Túpac Amaru lideraba. A veces las mujeres nos sorprenden a los varones con su forma de ver la realidad. Tal es el caso de Micaela cuando se pone en contacto con la cacica de Acos, Tomasa Tito Condemayta. Ambas mujeres consideraban que la contramarcha de Túpac Amaru tras el triunfo en Sangarara fue perjudicial pues había dado tiempo para que los españoles se recuperaran. Consideró Condemayta que un jefe de su región era inepto y ordenó su pronta sustitución por otro con más capacidad de mando. Y llegó a convertirse en la principal ayuda de Túpac, inmediatamente detrás de Micaela. Y además Tomasa rechazó con un ejército femenino a los españoles en el puente de Pilpinto.
Faltaba ver hasta dónde llegaría el proyecto revolucionario de José Gabriel Condorcanqui. En esos tiempos, la Colonia tenía serias deficiencias en materia defensiva. Particularmente en las zonas rurales, como lo atestigua la toma del puerto de Paita el 24 de noviembre de 1742 por el vicealmirante inglés Anson, en la que las armas, escasas y averiadas, eran manejadas por esclavos que cargaban "los cañones con pesos fuertes por falta de munición". La región del Cusco no era la excepción. Además, del lado rebelde, las cosas no eran halagüeñas porque a los indígenas se les prohibió el uso de armas (con la consiguiente falta de preparación bélica de los quechuas) y, para colmo, Túpac Amaru carecía de un razonable radicalismo racial, pues ponía a un mismo nivel a "españoles, criollos, mestizos, zambos o indios". Esto le impidió sintonizar con sus compañeros de armas, quienes eran mayormente enemigos de la raza blanca, con una cuasi irracional sed de venganza por el despojo del Incanato. Esto evidentemente restaba cohesión a la causa rebelde, máxime aún si vemos testimonios sobre varios jefes subalternos de Túpac: éstos son mal vistos por carecer de piedad o sensatez (una vez Túpac Amaru criticó la crueldad de estos cabecillas y le respondieron que se justificaba el exceso de muertes para impedir la existencia de posibles rezagos de raza mezclada con la española, lo que continuaría la explotación del indio).
Precisamente estas condiciones jugarían su rol en la posterior derrota de la causa tupacamarista. Tal como lo dice Valcárcel:


"Iniciada la rebelión, el cacique Túpac Amaru debió improvisar todo. Carecía de armamentos necesarios, hombres disciplinados y conocimientos militares suficientes, hecho típico en los jefes de movimentos sociales análogos. Como elementos favorables tenía el profundo descontento público ante la cotidiana extorsión de las autoridades, el prestigio de su apellido imperial y el sagaz aprovechamiento de la sorpresa que su movimento debía causar entre las autoridades reales..." 

Debemos mencionar el carácter traicionero del pueblo cusqueño de ese entonces, manejado por las autoridades coloniales, antes, durante y después del asedio al Cusco:

"Habiendo incrementado el número de sus hombres y armas, Túpac Amaru siguió atentamente los movimientos del enemigo del Cusco mediante sus numerosos espías...Al saber la marcha de tropas bajo las órdenes del corregidor Cabrera, aprovechó...para vencer por sorpresa en Sangarara...Y aunque militarmente no fue una batalla de grandes proporciones, constituyó un triunfo decisivo para el futuro de la rebelión. Cuando se desparramó la noticia de esta victoria inesperada, la gente sintió llegar un cúmulo de presagios favorables y el entusiasmo del pueblo despertó con vigor y rapidez desconcertantes...La situación en aquel momento era de un gran desconcierto, de pánico entre los pobladores del Cusco, como consecuencia de la derrota ocurrida en Sangarara. Algunos caciques se mantenían leales al sur de Tinta y en la parte limítrofe del Virreinato los corregidores reunían fuerzas con el fin de atacar a Túpac Amaru".

"Cuando Túpac Amaru ordenó la marcha hacia el Cusco contaba con el auxilio complementario de Diego Cristóbal, hecho que no pudo realizarse por la forma en que el movimento se desarrolló. La esperanza de un levantamiento interno en el Cusco quedó asimismo burlada. Y para colmo de males llegó desde Lima, con fatal oportunidad, el coronel Avilés con hombres y armas. Por otra parte, apareció el temible y fidelísimo cacique Pumacawa y, poco después, numerosos contingentes de indios auxiliares, dirigidos por corregidores y otros caciques contrarrevolucionarios...A esto podría añadirse, en los últimos meses, continuas deserciones de los indios".

"Mientras tanto, libre la ciudad del Cusco del temidísimo asedio...sus pobladores manifestaron su pública alegría, principalmente las mujeres. Se tenía la victoria (o sea la retirada de Túpac Amaru, nota mía) como un milagro..."

De todos modos, José Gabriel Condorcanqui llegó a sitiar el Cusco, valiéndose de sus únicos fieles Micaela, Tomasa y su primo hermano Diego Cristóbal. Tras algunas victorias llega al pueblo de Izcuchaca y se reune con su esposa en la pampa de Orcororo. Deja en Oropesa un pequeño contingente y envía desde Urcos armas y hombres a Diego Cristóbal. El 2 de enero de 1781 comienza el asedio tupacamarista, pero por culpa de caciques traidores, vendidos a las autoridades coloniales, y también por el avance en el Alto Perú de las tropas venidas del Virreinato del Rio de la Plata, fracasa la toma del Cusco y el 10 de enero,Túpac Amaru inicia su retirada del lugar, regresando a Tinta. Las huestes del coronel Avilés, reforzadas con las del mariscal de campo José del Valle (acompañado por el Visitador José Antonio de Areche) comienzan el final de la rebelión. Es indignante notar que, de un total (aproximado) de 17000 hombres en el ejército realista, casi 14000 eran indígenas. Es decir, hermanos de sangre divididos.
Lamentablemente el destino también tomó el papel de traidor, pues las circunstancias ya no favorecían para nada a Túpac Amaru, quien había fugado tras la derrota que le infligió Del Valle cerca de Tinta. Las fuerzas realistas llegan allí y ejecutan a los partidarios del caudillo. Ahora la consigna era "¡búsquenlo vivo o muerto!"
Y nuevamente los traidores aparecen en escena. Abandonado por la mayoría de sus hermanos de raza, habiendo sido ejecutados sus lugartenientes y soldados, no le quedaba más remedio a José Gabriel que escapar con sus ya reducidas fuerzas hacia el sur del Cusco o, quizá, llegar hasta la jurisdicción de Buenos Aires, para poder recobrar fuerzas y acometer de nuevo la rebelión. Pero al llegar al pueblo de Langui, uno de sus compañeros, el mestizo Francisco Santa Cruz le tomó prisionero (6 de abril de 1781) y lo entregó a los españoles. Micaela Bastidas,sus hijos Hipólito y Fernando, y su hermano Antonio son también traicionados y entregados al enemigo por Ventura Landaeta. También la cacica Condemayta es apresada, junto con otros individuos. Nuevamente la división entre la gente se vio con el repique de campanas y la algarabía en la ciudad por la noticia de la captura de los cabecillas de la rebelión.

Túpac Amaru, ya prisionero, entra al Cusco el 14 de abril. Es encerrado en al antiguo Colegio de los Jesuitas. El visitador Areche comienza a interrogarlo usando el chantaje y las promesas (falsas) de clemencia si se avenía a lo que el poder colonial le ordenaba. Este trance es sorprendido por una frase ya famosa, dirigida por Túpac al visitador: "Aquí no hay más cómplices (conspiradores) que tú y yo; tú por opresor, y yo, por libertador, merecemos la muerte".
Interrogado y torturado para que delate a los demás miembros de su grupo, Túpac no manifiesta ninguna disposición a traicionar a quienes quizá ya lo traicionaron. Los torturadores se sorprenden de la conducta impasible y majestuosa del prisionero, pese a la sevicia ejercida por ellos contra el héroe. Pero al final pierden la paciencia y deciden ejecutar a Túpac Amaru y a toda su familia y jefes principales. Esto sucede el 18 de mayo, luego que el 15 se expidiera la sentencia de muerte a los revolucionarios.

Y aquí quiero que no me malinterpreten. Me limitaré a transcribir lo que Valcárcel relata en su libro, y que para mí es un alegato en contra de aquellos que se rasgan las vestiduras cuando hablan de "violencia" o de "terrorismo". Y es que en el suplicio de Túpac Amaru y sus seguidores se ven multiplicados hasta el infinito toda la sevicia, todos los deseos sádicos y sangrientos que llevamos todos y especialmente esos hipócritas que quieren "paz" y "orden" y que fueron precisamente quienes fomentaron la guerra interna y el caos que estamos viendo crecer espantosamente en este siglo XXI:

"El día 18 de mayo...se realizaron las ejecuciones en la plaza mayor o Wacaypata del Cusco, la antigua plaza del Pregón de los Incas...Los reos salieron arrastrados por caballos, metidos en zurrones que traen la yerba del Paraguay, acompañados de eclesiásticos y soldados...Al ex esclavo megro Oblitas se le arrastró con soga de esparto al cuello antes de ahorcarlo...Hipólito Túpac Amaru, hijo mayor del caudillo, y su anciano tío don Francisco, sufrieron igual pena, con el añadido previo de cortarles la lengua. A la valerosa cacica de Acos, doña Tomasa Tito Condemayta, imperturbable, irónica y despectiva, le dieron garrote sobre un tabladillo dispuesto con un torno de hierro "que a este fin se había hecho, y que jamás habíamos visto por acá".

"Llegado su turno, doña Micaela subió al tablado y "no desmintiendo en aquel trance su entereza se resistió a sacar la lengua, que hubo que cortarle el verdugo después de su muerte". Como debía sufrir la pena de garrote y tenía el cuello muy delgado, el torno no lograba ahorcarla. Padeció muchísimo sin implorar piedad a sus verdugos. Para acelerar la ejecución fue necesario echarle lazos al cuello, tirando los verdugos de ambos extremos. Como esto fuera todavía insuficiente, haciendo honor a su profesión, los verdugos la remataron dándole de patadas en el estómago y en los senos hasta que expiró..."

"Concluyó 'la función' con el suplicio del caudillo epónimo. Conducido al patíbulo, su aniquilamiento físico contrastaba con su vigorosa serenidad espiritual. A viva fuerza le abrieron la boca y cortaron la lengua. Arrojado al suelo, se le colocó con la cara hacia el firmamento. Cuatro caballos, cabalgados por mestizos, fueron acercados. Sendos lazos sujetaron las extremidades del reo a las cinchas. Terminados los preparativos oyóse una señal y los jinetes partieron hacia los cuatro puntos cardinales, "espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad". pero no pudieron avanzar más allá de la minúscula extensión de sus lazos, porque la fortaleza física del condenado resistió victoriosamente el sacrílego intento de fragmentarlo...El pequeño Fernando, agobiado por el cruelísimo espectáculo, emitió un grito tan lleno de angustia que ha quedado como una elocuente protesta contra la historia del coloniaje peruano...Notando el impasible visitador Areche la excesiva demora en la ejecución del reo, "movido de compasión", ordenó decapitarlo..."

Así asesinaron al Hombre. Así asesinaron a la Justicia. Así asesinaron las esperanzas de un mundo sin injusticia ni explotación. Reflexionemos en lo que expresó Martin Luther King, Jr. "Esos que hacen imposible un cambio pacífico hacen inevitable una revolución violenta". En estos inicios del siglo XXI, cuando ya debimos haber extirpado para siempre la maldición del hambre, la maldición de la injusticia, la delincuencia y el narcotráfico, la alienación y el caos espiritual (promovido y consentido por los intelectuales y, sobre todo, los melindrosos hipócritas que claman por "orden", siendo ellos responsables, con sus hechos, deshechos o negligencias, de la maldad creciente en el Perú y el mundo) y todas las manchas que ensombrecen y ahogan nuestra bondad natural, todavía tenemos las taras que Túpac Amaru combatió, sin lograr lamentablemente su cometido. Nos hablan de "dialogar", de "no ser violentos", de "promover una cultura de paz y diálogo", etc. Pero ellos (los gobernantes, banqueros, empresarios, etc.) son violentos, perversos e inmorales. Como tienen la sartén por el mango, se creen impunes, inexpugnables. Es en estas circunstancias que se producen, inevitablemente, las revoluciones, rebeliones o protestas populares. Y aquí en el Perú el gobierno de Alan García Pérez actúa precisamente como el visitador Areche: contemplando sádicamente la violencia de los "otros".
Precisamente por ser Túpac Amaru un personaje "subversivo" es que casi ha desaparecido de los textos escolares, de las ceremonias oficiales y de las páginas de los diarios. Como dije al principio, sólo unas dos o tres radios se atreven a recordar a este nuestro gran revolucionario que nos ha demostrado, como muchos otros, que "sin luchas no hay victorias". Esperar la buena voluntad de las autoridades, coludidas con poderes inmorales, es como esperar bondad del lobo.
Y, para concluir, unos versos de Alejandro Romualdo, fallecido en el olvido y la sospecha en 2008:


Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Al tercer día de los sufrimientos,
cuando se crea todo consumado
gritando ¡LIBERTAD! sobre la tierra
ha de volver.
             
                    ¡y no podrán matarlo!


Porque mientras haya un Túpac Amaru en cada uno de nosotros, ¡no podrán matarnos!

¡NO MÁS APRA!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buena apreciación. una vez mas la traición de nuestros propios hermanos, la desidia de las autoridades. No mas Apra y espero que en algunos años digan que es eso? ...Apra...?

la voz del reservista dijo...

Efectivamente, mientras haya desunión y traición dentro del propio pueblo peruano, los inmorales poderosos que nos esclavizan seguirán humillándonos. Basta ver lo que pasa en Cajamarca, donde el pueblo unido ha respondido NO a la minera Yanacocha, que ha contaminado desde los años 90 la pradera cajamarquina, otrora gran productora de cebada, leche y carne. Tenemos que seguir el ejemplo de Cajamarca. El pueblo, unido, jamás será vencido. Muchas gracias por leer el blog...y efectivamente ¡NO MÁS APRA!